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El diseñador actual en el dilema arte-diseño (parte 1)

Colaboración del Dr. Ramón Almela, docente de Universitario Bauhaus

Ramón - tamaño infantil (2)

Ramón Almela, doctor en Bellas Artes.

El diseñador actual en el dilema arte-diseño (parte 1)

Reivindicación del papel del diseñador en la práctica artística actual

www.criticarte.com

 

La polémica de la consideración del diseño como arte sigue vigente. Las manifestaciones gráficas del diseñador, similares a las de los artistas, y la vinculación de sus aspectos creativos con los del arte originan bases para la identificación de las dos disciplinas, y al mismo tiempo, conceptos asumidos como características intrínsecas al objeto de arte como los de singularidad e inutilidad se encuentran opuestos a las condiciones del diseño que son reproducibilidad y utilidad. Una de las mayores objeciones para la consideración artística del objeto de diseño es la propia naturaleza del diseño emanada de un requerimiento del cliente que enmarca la libertad del diseñador, aunque se revalida hoy, al mismo tiempo, el status del diseñador de firma e individualidad que impone su estilo sobre el encargo, añadiendo el valor de diseño de autor, a veces incluso a costa de los requisitos del cliente.

En el dilema permanente surgido entre las semejanzas y diferencias de estas dos disciplinas incide fundamentalmente la aproximación al concepto de las palabras “diseño” y “arte”, sus funciones y significación. El arte estaba revestido del aura del objeto único y distinguible, mientras que el diseño era una actividad menor dirigida a la función de relleno estético de un producto. Pero, desde que el diseño fue tomando un papel preponderante en los procesos de producción y comercialización rebasó la demarcación de lo visual y formal expandiéndose a la información como constituyente de la percepción en la sociedad. Y el arte actual, asimismo, rebasa la adscripción al objeto de arte, desmaterializándose, deslocalizándose y desplazándose mientras se diluye en la esfera de lo cotidiano propiciado por el uso de las nuevas tecnologías y las estrategias de difusión de los nuevos medios. Los cambios que se producen en el ámbito de la imagen colocan al diseñador en la entraña de la acción artística más actual o modifican, en sí, las prácticas artísticas transformando en diseño el concepto de arte que se desenvuelve fuera del marco de la institución-arte.

El debate entre el diseño y el arte, iniciado con la emergencia del postmodernismo en la década de los Ochenta, se reanuda en la actualidad con la extensión de las nuevas tecnologías de comunicación y difusión de las que el artista hace uso de la misma manera que el diseñador. Y de hecho, el diseñador imita las mismas estrategias de difusión que el artista utiliza en el mercado del arte para difundirse como individuo creador. Y de otro modo el artista, como un diseñador, se vuelve un manipulador social de signos artísticos. Finalmente, este debate se vuelve más un asunto de individuos, y no de disciplinas. La consideración artística o no del producto de un creador es resultado de una situación del mercado y de los intereses impuestos. Es parte de un proceso sociológico donde se advierte el juego de luchas dentro de un campo determinado. Identificarse como artista, es un problema de decisión y de concepto propio sobre el arte.

A ese determinado concepto sobre qué es arte contribuyen de manera importante los espacios de enseñanza sobre los estudiantes. Tiempo atrás, la identificación del diseñador con un artista podía llegar a tener connotaciones peyorativas. El diseño nació con las vanguardias del siglo XX desde una actitud de renovación de las nociones decimonónicas del arte. Estas primeras manifestaciones del diseño se desvinculaban del otro “arte tradicional” denominándose como “arte industrial”. En este propio espacio universitario de la UDLA, la carrera de diseño proviene de otra denominada “Artes Gráficas”, convergencia entre el diseño gráfico y las artes plásticas. La evolución de las carreras ha seguido similar comportamiento en otros lugares: Las escuelas tradicionales de arte iban incluyendo especialidades que abarcaban materias propias de la disciplina del diseño gráfico, pero siempre el diseño se juzgaba con desdén contemplado desde la posición del artista encumbrado en su oficio de productor de obras singulares y desprovistas de utilidad práctica.

En la enseñanza de las artes plásticas se enfatiza en el artista una actitud de dimensión simbólica-individual-creativa, mientras en el diseñador se impulsa una visión involucrada en la realidad, comprometida con la resolución de problemas de comunicación y de información. El papel del diseñador, como individuo y productor de ideas, es a menudo desdeñado desde el campo de las artes. Y es más, debido al esquema todavía preponderante del arte como producción material bajo las características de singularidad e inutilidad, la valoración del diseñador en la sociedad se encuentra todavía por debajo del aprecio que se tiene por el artista. Incluso es el propio diseñador el que se desconsidera frente al artista, pues no estima su producción digna de ser contemplada bajo esa óptica.

Pero la situación de las prácticas artísticas se transforma invirtiendo la polaridad de las funciones entre el diseño y el arte, como ha sucedido entre el arte y la publicidad. El dominio de la imagen en los medios de comunicación junto al uso de la misma por el poder impulsa al arte a desplazarse, a disolverse en espacios alejados del culto elitista. El arte se está produciendo fuera del marco establecido hasta ahora por la institución-arte. La nueva etapa económica del capitalismo impulsa, asimismo, a una nueva concepción transformando el arte desde un sistema productivo a un sistema de servicios. Y aquí, el papel del diseño y sus estrategias tiene especial relevancia. Un amplio examen de la acción del diseño en el campo artístico señalaría la extensa intervención del diseñador en todas las expresiones del arte. El diseñador se encuentra en las entrañas de la acción artística más actual, o el artista se ha convertido en diseñador para desenvolverse fuera de los marcos de la institución-arte.

De cualquier modo, no se trata de afrontar de una manera simplista la situación de este dilema entre el diseño y el arte. Existen una multiplicidad de expresiones y no cabe una postura radical-reduccionista. Lo que puede apreciarse es el incremento en el extremo de la actuación del artista que se aleja de la idea convencional del arte y se interna en el campo del diseño y la circulación de sentido fundiendo la esencia de las dos disciplinas.